Ps. Rocío Robles G.
El duelo es el nombre para referirnos a aquel proceso psicológico caracterizado por un fuerte desapego o alejamiento de algo que presentaba una importancia significativa en nuestras vidas.
Las manifestaciones espirituales, psicológicas y físicas son variadas, las formas de vivirlo también lo son. Pena, angustia, tranquilidad, melancolía, paz, bajo estado de ánimo, sensación de soledad, pérdida de sentido de vida, alteración del ciclo sueño/vigilia y apetito, son algunos de los muchos cambios que puede sentir una persona al momento de experimentar un desapego importante en su vida.
No existe una forma particular de sentirlo o una “mejor” manera de vivir el duelo, el proceso es tan personal como lo son las emociones que viva. Para algunas personas el rememorar a quien ya no está genera un espacio de paz y tranquilidad, tanto como otros prefieren alejar cualquier tipo de recuerdo, ya que intensifica su malestar. Sin embargo, el doler es aquello que nos caracteriza a todos en este tipo de proceso y la manera de sanar es tan única como quien lo vivencia. ¿Solución? Relacionarse con las emociones y vivirlas tal cual vengan, ya que en ocasiones nos entrampamos y emociones como la culpa, rabia, miedo o incluso angustia, pueden aparecer producto del desapego que estoy viviendo, sin embargo, si me permito entender sin obligar mi proceso, podré sanar eventualmente.
El camino se puede realizar acompañado (con la ayuda de alguna persona indicada que nos guie) o generar mi propio proceso de sanación. La invitación final es a aceptar que los cambios y emociones son parte de un proceso natural de nuestro existir y dicha transición muchas veces generará dolor, producto de aquello que no queremos, pero debemos soltar.